“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 09-12-13.

Por Sebastián Artola.
El sábado se hizo la reapertura de la Biblioteca Popular Vigil, símbolo de lucha y resistencia. Pero también de la desmemoria, la indiferencia  y el vaciamiento que marcó a nuestro país por décadas.
La Vigil fue una de las experiencias culturales y pedagógicas más importantes de Latinoamérica. Con 21 mil socios, llegó a tener 600 empleados, 25 bibliotecarios, con un préstamo promedio diario de mil libros, 2500 alumnos en los niveles primario y secundario, con doble escolaridad, una caja de ayuda mutual, una guardería, un Centro Materno Infantil, un Observatorio Astronómico y una Universidad Popular que formaban la escuela de Música, de Teatro, de Artes, y de Capacitación.
En 1977 fue intervenida y saqueada por la última dictadura cívico-militar, y 23 socios fueron desaparecidos. En 1981 la intervención entrega los inmuebles al gobierno provincial. El por entonces ministro de Educación y Cultura de la dictadura, Eduardo Sutter Schneider (docente en la carrera de Ciencia Política de la UNR hasta el 2002), sostuvo: “el proyecto de la Vigil, había sido confundida con ideas opuestas a nuestro ser nacional”.
Con el retorno a la democracia, vecinos, empleados y socios impulsaron la “Comisión de Recuperación”. Pero el destino de la Vigil no sería la excepción al manto de olvido e impunidad que modelaba una Argentina para muy pocos, mientras la gran mayoría naufragaba en la exclusión social, económica y cultural.
Tras 35 años de lucha, en el 2012, fue posible la aprobación de una ley en la legislatura provincial que estableció la restitución de los bienes a la Biblioteca. Y el pasado miércoles se hizo el traspaso oficial de los bienes.
Son incontables las anécdotas de resistencia que hoy hacen posible esta reapertura: la mesa de la comisión directiva que un vecino guardó en su casa durante años para salvarla del destrozo militar y devuelve ahora; los libros que se escondieron y zafaron de la quema; el disco de pasta “Música Popular Argentina” editado por La Vigil y atesorado durante años en una casa, etc.
Hoy La Vigil reabre sus puertas al Barrio Tablada y a toda la ciudad de Rosario. Un acto de reparación, una nueva conquista de este tiempo signado por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Y, fundamentalmente, un ejemplo a recuperar para una política cultural pensada como el protagonismo activo de una comunidad, con sus barrios, voces, palabras e identidades, en la construcción de una ciudad más inclusiva e integrada.

(*) Foro Rosario para Todos.