"Pensar la ciudad", El Argentino (edición Rosario), 02-12-13.

Por Sebastián Artola (*).
La semana pasada la Guardia Urbana Municipal (GUM) por orden el gobierno municipal intentó desalojar a los artesanos de la Plaza Pringles.
La resistencia de ellos, más el acompañamiento de los vecinos y comerciantes de la zona, impidieron que se lleve a cabo semejante atropello.
Son alrededor de 40 artesanos que trabajan ahí de lunes a sábado, en algunos casos hace más de veinte años.
Parece increíble que un gobierno que se jacta de promover el turismo, el comercio y quiere hacer de Rosario una “capital cultural”, niegue a artesanos de la ciudad la posibilidad de un espacio público donde puedan mostrar y tener a la venta sus producciones.
Las ferias de artesanos han demostrado ser una fuente generadora de trabajo como también parte del patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad.
En Rosario son muchísimas las familias que viven de sus artesanías y no tienen el acceso a una feria. O quienes tienen un stand, no cuentan con el acompañamiento del Estado en cuestiones de infraestructura básica como pueden ser baños públicos, servicio de luz o un lugar común donde guardar las cosas. 
Ni que hablar de las ferias populares de los barrios, gracias a las cuales subsisten familias enteras, bajo formas de comercio social, en algunos casos trueque, y no cuentan con ningún tipo de reconocimiento por parte del Estado, sino todo lo contrario. Diariamente sufren la intimidación y el prepoteo de la GUM.
Y hay que decirlo con todas las letras: es lamentable el accionar de la GUM, en lugar de velar por la seguridad y la vida de todos los rosarinos y rosarinas desde su rol de prevención, más aún en este momento de la ciudad, su papel parece estar dirigido contra los que se ganan la vida trabajando.
Estamos convencidos que las ferias artesanales, de manualidades y variadas expresiones del arte popular, como también las ferias de los barrios, cada una con su particularidad, hacen a una economía más integrada e inclusiva.  
Son formas de economías sociales y populares  que deberían tener el reconocimiento y el acompañamiento del Estado local en su regularización, ordenamiento en el espacio público y fortalecimiento.
Este, sin duda, es el camino para promover la inclusión laboral de todos nuestros vecinos, en función también de los saberes y vocaciones de cada uno. Pues de eso se trata, de construir una ciudad donde todas las capacidades, todas las expresiones, todas las identidades y las voces, puedan tener su lugar.

(*) Foro Rosario para Todos.