“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 18-02-14.

Por Sebastián Artola (*).
La especulación con los precios por parte de las grandes empresas y los supermercados, hizo de la economía el tema de discusión pública principal en estas últimas semanas. Y esta bueno que así sea.
Durante décadas se había instalado la idea de que la economía era cuestión de “expertos”, quedando en manos de unos pocos, que con un lenguaje técnico y casi indescifrable, tomaban decisiones que se presentaban como las únicas posibles, mientras la gran mayoría padecía sus consecuencias.
Eran los años neoliberales, donde la política acataba, como si fuesen verdades absolutas, todo lo que decían los grandes grupos económicos, los organismos financieros internacionales y sus economistas.
Desde el 2003 la historia empezó a ser de otra manera. La política volvió a ser el centro ordenador de la vida social, económica y cultural de todos los argentinos, recuperando la soberanía perdida y reponiendo su condición transformadora.
No es otra la puja que se juega por estos días: o la economía la dirigen los grupos de poder concentrados en función de su tasa de ganancias, o la dirige el Estado y la política en beneficio del conjunto de la sociedad.
Sobre esta tensión, es posible pensar muchos de los problemas irresueltos en nuestra ciudad.
El déficit habitacional creciente en los últimos años, con más de 60 mil familias sin su propia casa, mientras hay 80 mil viviendas deshabitadas, es el resultado de un Estado local que marchó detrás de los intereses de la especulación inmobiliaria, sin ningún tipo de regulación, perdiendo su capacidad de transformación e igualación de oportunidades.
Lo mismo para una planificación urbana hecha a medida del sector privado, permitiendo la construcción de edificios bajo ordenamientos urbanos sancionados hace cuarenta años, colapsando los servicios públicos, en perjuicio de la calidad de vida de los vecinos, mientras buena parte de la ciudad aún espera obras de infraestructura básicas (desde pavimento a cloacas) y de urbanización, para dar respuesta a los más de doscientos mil rosarinos que viven en 110 asentamientos irregulares.
Y ni que hablar del privilegio que gozan los grandes establecimientos comerciales, en perjuicio de los pequeños y medianos comercios, las ferias de artesanos, las ferias populares de los barrios, las huertas comunitarias o los mercados de productores. La falta de políticas de reconocimiento, fortalecimiento y promoción de estos sectores, en torno a las cuales viven miles de familias y significan un mercado con precios mucho más accesibles, habla a la claras de un proyecto de ciudad que tiene su interés puesto en la concentración del comercio en manos de los shopping y supermercados.
Un Estado que mire a la sociedad de conjunto y defienda el bienestar colectivo, por sobre los negocios de algunos pocos, es el desafío principal de nuestros tiempos, para la cual es imprescindible el compromiso activo de todos los que queremos seguir construyendo un país para todos y aspiramos a vivir en una Rosario más justa y armónica.

(*) Foro Rosario para Todos.