“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 21-04-14.

Por Sebastián Artola (*).
En buena hora la presencia de las fuerzas nacionales de seguridad parece abrir un debate sobre los modos de intervención del Estado y su relación con el territorio en nuestra ciudad.
En todo este tiempo, la norma había sido la violenta disputa entre bandas narcos en zonas liberadas de la ciudad, mientras buena parte de la dirigencia política local y provincial miraba desde afuera, a modo de comentaristas sin conocimiento sobre lo que sucedía en barrios que poco pisaban, un Estado que siempre llegaba tarde, cuando llegaba, y con muy pocas voces que osaran repensar su rol y poner en cuestión las estrategias de desarrollo urbano oficiales.
En primer lugar, la política de derrumbar bunkers de venta de drogas no es lo mismo si queda sólo en una foto para los medios, mientras la policía provincial después pasa como todas las semanas a cobrar la “cuota” a cambio de protección y liberar la zona, tal como sucedió hasta ahora. Que si forma parte de una estrategia que busca pacificar y disminuir los niveles de violencia, a través de una presencia permanente no represiva de las fuerzas de seguridad, bajo un rol de prevención y disuasión del delito.
Por más que el búnker sea el último eslabón en la cadena del narcotráfico, no hay que subestimarlo, como plantean ciertos “progresismos” abstractos. Su proliferación en los barrios fue alterando la cotidianeidad, sembrando miedo, fragmentando el tejido social y clausurando el espacio público.
Los vecinos poco a poco se vieron encerrados en sus casas, casi sin poder estar en las veredas, entrando y saliendo a las corridas, esquivando balas, bajo el desamparo total del Estado.
El cierre efectivo del “kiosquito” es necesario para el desarme en los barrios, la recuperación y pacificación del territorio.
En segundo lugar, algo que venimos diciendo y escribimos en esta misma columna el pasado lunes. Una política de seguridad pública no se agota en las propias fuerzas de seguridad, ni pasa exclusivamente por tener una presencia distinta de la policía y las fuerzas federales en el territorio, la reposición de su conducción política, la recuperación de la cadena de mando al interior de la fuerza provincial o por un compromiso genuino del Poder Judicial.
Repensar de conjunto el Estado es la tarea imprescindible. Una nueva política de desarrollo urbano inclusiva, que no marche detrás de la especulación inmobiliaria; la recuperación del perfil productivo de la ciudad, a través de la promoción de las pequeñas y medianas empresas, y las economías populares, que permitan la integración laboral de los vecinos  que hoy quedan afuera; y una política cultural pensada no como mero show y espectáculo, sino que habilite un sentido de pertenencia distinto de los más jóvenes a la ciudad y un horizonte de vida, son desafíos abiertos que hacen a una política de seguridad pública, que para ser efectiva (algo que también hemos dicho) debe ser integral y garantizar a todos el derecho a la ciudad.
Las cartas están echadas y las posibilidades también. Del compromiso y el protagonismo de todos, hoy más que nunca, depende empezar a construir un presente distinto.

(*) Licenciado en Ciencia Política. Docente de la UNR. Miembro del Foro Rosario para Todos.