“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 12-05-14.

Por Sebastián Artola (*).
Finalmente se conoció el peritaje oficial por la caída de la taza de la Vuelta Al Mundo en el Parque de Diversiones, donde el año pasado murieron las hermanas Melanie y Florencia Aranda, dos niñas de tan sólo 14 y 12 años.
El informe es categórico: “no se realizaban inspecciones periódicas programadas”. Es decir, las responsabilidades de lo sucedido fueron de la firma privada “International Park” por incumplir el mantenimiento de los juegos y del Municipio por no hacer un sólo control en diez años.
A su vez, el peritaje señala el “diseño incorrecto del juego”. Semejante anomalía no podría haber pasado por alto, si, al menos, un sólo control se hubiese hecho bien.  
Los técnicos del INTI sostuvieron que el juego mecánico debía revisarse al menos una vez por mes, y una vez al año debía llevarse a cabo una revisión general del predio concesionado.
¿Qué opinará ahora el secretario de gobierno Fernando Asegurado de sus lamentables declaraciones al querer explicar la caída de la taza por “una sobrecarga de peso” de las niñas?
¿Alguien pedirá disculpas al joven operario del juego al que habían acusado en una clara maniobra del concesionario y el municipio para lavarse las manos de todo cargo y culpa?
¿Y la intendenta, qué tendrá para decir, aparte de ir a sacarse una foto con los familiares de las víctimas y acompañar el pedido de justicia, como si nada hubiese tenido que ver?
Pasado nueve meses, lo mínimo debería haber sido terminar con la concesión a la firma “International Park” y pedir la renuncia a todos los funcionarios responsables por los controles e inspecciones no realizadas. Como gesto hacia la sociedad pero también como decisión de “tomar el toro por las astas”.
Pero nada de esto pasó. La reacción fue la de siempre: patear la pelota para otro lado, buscar algún “chivo expiatorio”, no dar la cara.
La impunidad no sólo impide cicatrizar las heridas, sino también deja la puerta abierta para que lo mismo pueda volver a ocurrir.
Un Estado que cuida los negocios de unos pocos y se desentiende de los controles sobre las concesiones también hace a la inseguridad.
Una nueva mirada sobre los espacios públicos y el rol del Estado municipal son desafíos abiertos, para lo cual hace falta decisión política y coraje. Una ciudad para todos o para unos pocos, sigue siendo la cuestión.

(*) Licenciado en Ciencia Política. Docente de la UNR. Miembro del Foro Rosario para Todos.