“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 05-08-14.

Por Sebastián Artola.
Tablada es uno de los barrios más populosos del sur, con una densidad de población sólo superada por el centro de nuestra ciudad.
Con un nombre nunca reconocido - de hecho, su nominación formal es barrio General San Martín - que debe a su origen marcado por el trabajo en los mataderos y la faena de animales, Tablada cobija momentos decisivos de la historia y la cultura popular de Rosario, ninguneados por una política oficial que piensa la ciudad desde la lógica publicitaria, como si fuese una marca que se oferta en el mercado, negando las identidades de los barrios y las historias de los sujetos que la habitan y hacen posible.
Mezcla entre “barrio bravo”, propio de los años treinta, y “barrio obrero” de los cuarenta, Tablada sería un bastión de la resistencia peronista.
Todavía sigue grabada a fuego en la memoria colectiva aquella frase pintada, con brea o alquitrán, en una pared de chapa: “Los yanquis, los rusos y las potencias reconocen a la Libertadora, Villa Manuelita no”. O la menos conocida historia del comisario Ricardo Díaz, a cargo de la seccional 16 del barrio, que el 9 de junio de 1956 se une al levantamiento de Valle y Tanco contra la dictadura.
Y, por supuesto, una de las experiencias culturales y pedagógicas más importantes de Latinoamérica, destruida por la última dictadura cívico-militar y hoy en recuperación, gracias a la incansable lucha de sus socios: la Biblioteca Popular Vigil.
En los últimos años la violencia y el narcotráfico imprimieron una nueva fisonomía a Tablada, siendo unos de los barrios con más alta tasa de homicidio de una ciudad que cuadriplica la media nacional.
El corrimiento del Estado municipal y provincial de los barrios más humildes, el vaciamiento de las políticas sociales, y un proyecto de ciudad para unos pocos en beneficio de la especulación inmobiliaria y las grandes inversiones comerciales, hizo de la violencia sin control su rostro más doloroso y trágico.
Frente a esta realidad, la presencia del Estado nacional, primero con las fuerzas de seguridad y ahora con el Operativo Interministerial que lleva dos semanas y finaliza el próximo 9 de agosto, permitió un respiro y empezar a dar respuestas a las muchas necesidades.
En estos días, el esfuerzo compartido, la alegría y la confianza recuperada, entre vecinos, trabajadores de los distintos ministerios de Nación y jóvenes militantes, hacen creer que es posible una ciudad solidaria e inclusiva. 
Con el Estado en los barrios y la organización comunitaria las necesidades se transforman en derechos. Y este, sin dudas, es el camino para construir una Rosario más justa, donde todos podamos realizar nuestros sueños y tener un proyecto de vida digno.