“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 11-08-14.

Por Sebastián Artola.
Los primeros días de agosto del año deben formar parte de la memoria colectiva de todos los rosarinos, por siempre. El día 6 se produjo la explosión en calle Salta 2141, con 22 vidas que ya no están entre nosotros, en la mayor tragedia de la historia de nuestra ciudad. Y cuatro días después, el 10 de agosto, Melani y Florencia, de tan sólo 14 y 12 años, perdieron sus vidas en el Parque de Diversiones al desprenderse una tasa del juego “La Vuelta al Mundo”.
Se dice que el tiempo cura las heridas. Y tal vez sea así cuando las pérdidas son producidas por causas naturales, inevitables para la acción humana. Pero cuando son causadas por la negligencia o peor, por la complicidad de un Estado con la regla de maximizar la ganancia de una empresa o firma privada, la cicatrización no es una cuestión de tiempo, sino de reparación y justicia.
Esta semana también tuvimos una maravillosa lección de cómo los pueblos, las sociedades y los “comunes” (no los privilegiados o poderosos, claro está) construimos justicia y sanamos, al menos parcialmente (porque las vidas perdidas no vuelvan más), nuestras heridas.
La aparición del nieto de Estela de Carlotto, después de 37 años de incansable y tenaz búsqueda, muestra que el dolor y la pérdida cuando se transforma en lucha y militancia abren un horizonte de esperanza.
Más temprano o tarde, el compromiso colectivo e inclaudicable, fundado en el amor y la vida, sin odio y búsqueda de venganza, hacen posible que en nuestro país haya un poquito más de justicia.

Este es el gran desafío para toda sociedad y, en especial, para nuestra ciudad. Construir una gran memoria colectiva y conciencia ciudadana que nos permita conquistar Verdad y Justicia para las víctimas de calle Salta y el Parque de Diversiones, pero también avanzar hacia un Estado que privilegie el bien común y la vida, por sobre los negocios y las tasas de ganancias de unos pocos, sabiendo que esa posibilidad se da a través de la política, entendida como herramienta colectiva que tenemos los pueblos para transformar y construir una realidad donde nunca más volvamos a vivir y sufrir tragedias como estas.