“Pensar la ciudad”, El Argentino (edición Rosario), 08-09-14.

Por Sebastián Artola.
La realidad habitacional de nuestra ciudad no es nueva. Por el contrario, es una de las marcas más contundentes del crecimiento económico sin inclusión social que caracterizó a Rosario en todos años.
El llamado “boom inmobiliario”, sin regulación estatal y bajo una planificación urbana hecha a medida de la especulación y los negocios de unos pocos, tuvo como contrapartida el aumento del déficit habitacional, el crecimiento de los asentamientos irregulares por la ausencia de políticas de urbanización y el deterioro creciente de la calidad de vida de cada vez más rosarinos.
La falta de políticas de vivienda, tanto del municipio como de la provincia, al punto que es imposible saber - por la inexistencia de información pública - cuántas viviendas fueron efectivamente construidas y entregadas en estos años, marcan las prioridades de un Estado que se puso de rodillas frente a los grandes emprendimientos comerciales y la especulación inmobiliaria, olvidando su papel imprescindible en la igualación de oportunidades y en la promoción de derechos.
Ni hablar de una planificación que mire a la ciudad en su conjunto y tenga como prioridad la calidad de vida de sus habitantes, a través de una política de inversión en obras públicas estratégicas y una regulación estatal, en correspondencia con el crecimiento poblacional que tuvo la ciudad y la nueva fisonomía que fue asumiendo, garantizando a todos los servicios públicos elementales, la defensa del espacio público de su mercantilización y el cuidado del medio ambiente.
La ciudad se debe una discusión profunda sobre su proyecto de desarrollo. Los resultados están a la vista y son conocidos por todos.
Un nuevo proyecto colectivo que promueva un desarrollo integral y más armónico de la ciudad, sigue siendo nuestro principal desafío.